Punch December
Lo esperaba
Sabía de su regreso a la ciudad desde varios meses antes cuando broto la noticia desde una boca sonriente en el rostro de mi hermana adoptiva: “viene Nahue en diciembre!”.
De ahí que desprendíamos escenas mentales de mucho carácter cómico que incluían amarradas a camas, videos musicales con cambios de género, etc. Leíamos sus mails, mirábamos sus cambios foto a foto, seguíamos sus avances, reíamos y en algún momento también nos preocupábamos.
No era mucho lo que sabía de él, pero alcanzaba para sostener mi interés y el deseo de volver a verlo, a escucharlo, sentirlo.
Atracción
No podría precisar cuál fue la causa de lo siguiente, pero indiscutible se me hace el hecho de la notable atracción que me ha generado desde alguna vez ya que siempre me sentí intimidada ante su presencia. Muchas veces me mantuve en silencio y quieta como si fuera una mina tímida, intro, que en mi desconozco. Por lo que me detenía a mirarlo, medirlo, absorberlo, disfrutarlo… sabiendo que no estaba dándole nada a cambio.
Vuelo atemporal
Los meses pasaron sin darnos cuenta. Fue así que una tarde de miércoles salía corriendo del taller rumbo al gimnasio cuando me cruzo con Carla. Intercambiamos beso, abrazo y apuro en un semáforo, acordamos la noche y continuamos rumbos. Me encuentro en la vereda opuesta cuando su grito me hace dar vuelta: “Natieeeeeee… mañana llega Nahue, ya está en vuelo!”.
Y el tiempo se detuvo en la Av. Luro.
Regresión
Pasaron algunos días y un fin de semana movilizador para mi ya que me reencontré con quien fue mi primer novio, cuando tenía tan sólo 15 años y me interesaban las políticas internacionales, para lo que participaba en modelos de las Naciones Unidas y concursaba en colegios y provincias del país, todo con tal de no estar en casa, viajar y conocer a gente más grande. Pero claro, yo no era lo suficientemente grande como para saber sostener tal compromiso con quien sí decidía elegirme y desde el ahogo preferí dejarlo, sin muchas explicaciones dadas y por teléfono. Pasados unos años me di cuenta de lo mal que estuve.
Tenía casi 10 años más esta vez y él ya por sus hermosos 28. Muchas cosas aún en común y una gran necesidad de comernos para cerrar el pasado. A lo que siguió un domingo cuasi hipnótico de recuerdos y la sensación de un final real, para que ahora pudiera ser un buen interlocutor próximamente desde Nueva Zelanda y las cosas… aclaradas!.
Reencuentro
Renuncio al taller, rajo a la clase, subo a la bici, salgo del gym y me voy a casa. Llama Carla: “vamos al Cru?”. Uff… sí que se me había puesto de revival la cosa!. Well, ok… lets go!. Me cambio y llego a tomar justito el último bondi de la una.
La caminata al Cru terminó en pot, quitada de medias can can y gomitas compradas en estación para ser comidas en los pies de una puerta donde decidiríamos no entrar al boliche y dirigirnos a donde Nahue estaría haciendo la previa con sus amiguetes. Too much better!.
Casi llegando se lo veía a él, paradito en la esquina con los brazos extendidos para recibir abrazos y luego bajarlos para recibir fernet en una ronda de mesa.
Quedé sentada a su lado por lo que se me dificultaba mirarlo. Sí sí, se me dificultaba. Entonces tomaba y me contenía y me mataba tanto de risa de sus anécdotas como de su acento español casi naturalizado.
“Cómo andás sureña?”, fueron las primeras palabras que me dirigió allí. Luego terminó de volarme la cabeza.
Salida y huída
Grabé en mi mente la escena de Carla desodorizando el depto con aroma a mujer y salimos caminando rumbo a Pin Up. Hacía tiempo que tenía la intención de ir a ese lugar para escapar un poco de lo habitual y finalmente no resultó tan gay la noche. De hecho, las drogas en sangre no permitieron que ahora recuerde más que el show de preciosos travestis y un par de bailes en caños. Mi noche ya tenía una dirección y mis manos una intención postergada.
Carla era perseguida por Juani; Lucas me odiaba por llamarme Natalia y cumplir los años un ocho de diciembre; Nahuel bailaba y luego bailaba conmigo. A partir de ese momento fue otra la historia. Me deje llevar por el ritmo de su boca y me deje trasladar al interior de sus ojos y allí me perdí.
Más cuando nos invitaron sutilmente a retirarnos del boliche, no podíamos soltarnos. En el taxi a la casa de Carla creía que vomitaría por el tremendo mareo producto de haber mezclado, pero nada resultó tan revolucionario en mi interior como las ganas de tenerlo a el conmigo, y más dentro mío, penetrándome.
El colchón que hábilmente nos dió Carla jamás fue negado y un culete fue visto por quien menos hubiéramos querido. Parece que nuestros gemidos no fueron bien silenciados.
De todos modos, su huida fue divertida y mi despertar muy confuso.
Reincidiendo
No intentaré relatar encuentro a encuentro porque existen mecanismos de defensa en mí y sé obedecerles en parte, y porque nadie leerá esto más que él, y tendrá memoria para lo bueno, je!.
Han sido muchos, muchos más de los que tal vez tendrían que haber sido. Su casa, su cama. Mi casa, mi cama. Su cuerpo, mi cuerpo. Sus amigos, nuestra amiga. Su familia, la mía. Mi cumpleaños, Navidad y papi Nhuel, los bares, el boliche, la milonga, la playa, las bandas, las caminatas a las 9am rotos, las caminatas a la noche para perdernos o en busca de pollo, un día casi entero compartido, almuerzo, merienda, cena, dormir juntos, despertar juntos, llamadas, mensajes, charlas, golosinas, fragancias, hierbas, tardes, teces increiiiibles, intentos de poner fin, llantos, latidos acelerados, calor, risas, deseo, excitación, sexo, miedo, paz, compañía.
Intentamos dilatar el tiempo todo lo posible. Pero nunca fue suficiente. El mes terminó y con ello llegó el motivo de la distancia, y también otro enero.
Año Nuevo
Por horas sentí estar viviendo en una dimensión sin calendario hasta que entendí.
La vida volvió a ponernos cara a cara, cuerpo a cuerpo y así permitió que todo siguiera fluyendo. Hoy somos realidad y cambio.
Su presencia me indicó que tengo mucho para compartir con él y entonces quise darle una oportunidad a ello afrontando todo lo que desde siempre supe.
Advertí así que el amor no contiene ni detiene, sostiene. Que amar no significa convivir, casarse, ni estar de acuerdo, ni complacer, ni generar esperanzas, ni besar, ni hacer el amor, ni tomarse de la mano, ni proyectar un futuro en común. Amar no requiere de títulos ni de tiempo. No modifica el camino. Amar no es absoluto ni para dos.
Amar significa suspender la razón y entregarse a los sentidos, no aferrarse a la tierra y aprender a volar en compañía.
Ahora no hace falta que piense o que planee. Una hermosa sensación de amor y paz llegó en el momento adecuado. Mientras tanto, aquí estaremos inseparablemente unidos por el alma.
Gracias por todo!
Dic, 08
Mar del Plata
Lo esperaba
Sabía de su regreso a la ciudad desde varios meses antes cuando broto la noticia desde una boca sonriente en el rostro de mi hermana adoptiva: “viene Nahue en diciembre!”.
De ahí que desprendíamos escenas mentales de mucho carácter cómico que incluían amarradas a camas, videos musicales con cambios de género, etc. Leíamos sus mails, mirábamos sus cambios foto a foto, seguíamos sus avances, reíamos y en algún momento también nos preocupábamos.
No era mucho lo que sabía de él, pero alcanzaba para sostener mi interés y el deseo de volver a verlo, a escucharlo, sentirlo.
Atracción
No podría precisar cuál fue la causa de lo siguiente, pero indiscutible se me hace el hecho de la notable atracción que me ha generado desde alguna vez ya que siempre me sentí intimidada ante su presencia. Muchas veces me mantuve en silencio y quieta como si fuera una mina tímida, intro, que en mi desconozco. Por lo que me detenía a mirarlo, medirlo, absorberlo, disfrutarlo… sabiendo que no estaba dándole nada a cambio.
Vuelo atemporal
Los meses pasaron sin darnos cuenta. Fue así que una tarde de miércoles salía corriendo del taller rumbo al gimnasio cuando me cruzo con Carla. Intercambiamos beso, abrazo y apuro en un semáforo, acordamos la noche y continuamos rumbos. Me encuentro en la vereda opuesta cuando su grito me hace dar vuelta: “Natieeeeeee… mañana llega Nahue, ya está en vuelo!”.
Y el tiempo se detuvo en la Av. Luro.
Regresión
Pasaron algunos días y un fin de semana movilizador para mi ya que me reencontré con quien fue mi primer novio, cuando tenía tan sólo 15 años y me interesaban las políticas internacionales, para lo que participaba en modelos de las Naciones Unidas y concursaba en colegios y provincias del país, todo con tal de no estar en casa, viajar y conocer a gente más grande. Pero claro, yo no era lo suficientemente grande como para saber sostener tal compromiso con quien sí decidía elegirme y desde el ahogo preferí dejarlo, sin muchas explicaciones dadas y por teléfono. Pasados unos años me di cuenta de lo mal que estuve.
Tenía casi 10 años más esta vez y él ya por sus hermosos 28. Muchas cosas aún en común y una gran necesidad de comernos para cerrar el pasado. A lo que siguió un domingo cuasi hipnótico de recuerdos y la sensación de un final real, para que ahora pudiera ser un buen interlocutor próximamente desde Nueva Zelanda y las cosas… aclaradas!.
Reencuentro
Renuncio al taller, rajo a la clase, subo a la bici, salgo del gym y me voy a casa. Llama Carla: “vamos al Cru?”. Uff… sí que se me había puesto de revival la cosa!. Well, ok… lets go!. Me cambio y llego a tomar justito el último bondi de la una.
La caminata al Cru terminó en pot, quitada de medias can can y gomitas compradas en estación para ser comidas en los pies de una puerta donde decidiríamos no entrar al boliche y dirigirnos a donde Nahue estaría haciendo la previa con sus amiguetes. Too much better!.
Casi llegando se lo veía a él, paradito en la esquina con los brazos extendidos para recibir abrazos y luego bajarlos para recibir fernet en una ronda de mesa.
Quedé sentada a su lado por lo que se me dificultaba mirarlo. Sí sí, se me dificultaba. Entonces tomaba y me contenía y me mataba tanto de risa de sus anécdotas como de su acento español casi naturalizado.
“Cómo andás sureña?”, fueron las primeras palabras que me dirigió allí. Luego terminó de volarme la cabeza.
Salida y huída
Grabé en mi mente la escena de Carla desodorizando el depto con aroma a mujer y salimos caminando rumbo a Pin Up. Hacía tiempo que tenía la intención de ir a ese lugar para escapar un poco de lo habitual y finalmente no resultó tan gay la noche. De hecho, las drogas en sangre no permitieron que ahora recuerde más que el show de preciosos travestis y un par de bailes en caños. Mi noche ya tenía una dirección y mis manos una intención postergada.
Carla era perseguida por Juani; Lucas me odiaba por llamarme Natalia y cumplir los años un ocho de diciembre; Nahuel bailaba y luego bailaba conmigo. A partir de ese momento fue otra la historia. Me deje llevar por el ritmo de su boca y me deje trasladar al interior de sus ojos y allí me perdí.
Más cuando nos invitaron sutilmente a retirarnos del boliche, no podíamos soltarnos. En el taxi a la casa de Carla creía que vomitaría por el tremendo mareo producto de haber mezclado, pero nada resultó tan revolucionario en mi interior como las ganas de tenerlo a el conmigo, y más dentro mío, penetrándome.
El colchón que hábilmente nos dió Carla jamás fue negado y un culete fue visto por quien menos hubiéramos querido. Parece que nuestros gemidos no fueron bien silenciados.
De todos modos, su huida fue divertida y mi despertar muy confuso.
Reincidiendo
No intentaré relatar encuentro a encuentro porque existen mecanismos de defensa en mí y sé obedecerles en parte, y porque nadie leerá esto más que él, y tendrá memoria para lo bueno, je!.
Han sido muchos, muchos más de los que tal vez tendrían que haber sido. Su casa, su cama. Mi casa, mi cama. Su cuerpo, mi cuerpo. Sus amigos, nuestra amiga. Su familia, la mía. Mi cumpleaños, Navidad y papi Nhuel, los bares, el boliche, la milonga, la playa, las bandas, las caminatas a las 9am rotos, las caminatas a la noche para perdernos o en busca de pollo, un día casi entero compartido, almuerzo, merienda, cena, dormir juntos, despertar juntos, llamadas, mensajes, charlas, golosinas, fragancias, hierbas, tardes, teces increiiiibles, intentos de poner fin, llantos, latidos acelerados, calor, risas, deseo, excitación, sexo, miedo, paz, compañía.
Intentamos dilatar el tiempo todo lo posible. Pero nunca fue suficiente. El mes terminó y con ello llegó el motivo de la distancia, y también otro enero.
Año Nuevo
Por horas sentí estar viviendo en una dimensión sin calendario hasta que entendí.
La vida volvió a ponernos cara a cara, cuerpo a cuerpo y así permitió que todo siguiera fluyendo. Hoy somos realidad y cambio.
Su presencia me indicó que tengo mucho para compartir con él y entonces quise darle una oportunidad a ello afrontando todo lo que desde siempre supe.
Advertí así que el amor no contiene ni detiene, sostiene. Que amar no significa convivir, casarse, ni estar de acuerdo, ni complacer, ni generar esperanzas, ni besar, ni hacer el amor, ni tomarse de la mano, ni proyectar un futuro en común. Amar no requiere de títulos ni de tiempo. No modifica el camino. Amar no es absoluto ni para dos.
Amar significa suspender la razón y entregarse a los sentidos, no aferrarse a la tierra y aprender a volar en compañía.
Ahora no hace falta que piense o que planee. Una hermosa sensación de amor y paz llegó en el momento adecuado. Mientras tanto, aquí estaremos inseparablemente unidos por el alma.
Gracias por todo!
Dic, 08
Mar del Plata
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